Nuestra Misión

La Vicaría Episcopal de Promoción Humana-Caritas, es el brazo de la Iglesia de San Salvador designada para combatir la pobreza y sus consecuencias. Como tal, nuestra misión incluye el análisis de las causas de la pobreza y elevar la conciencia entre los fieles, cuando nos enfrentamos a la injusticia estructural y al pecado social. Trabajamos en nombre de todos los hombres y mujeres de buena voluntad en la Arquidiócesis, guiados por la Enseñanza Social Católica, como ha sido instruida por nuestro pastor, Mons. José Luis Escobar Alas, Arzobispo Metropolitano de San Salvador.

Naturalmente, nuestro trabajo incluye responder a las necesidades inmediatas de los pobres. Estas necesidades no son exclusivamente el material, sino que incluyen asistencia psicológica, consuelo, y dirección espiritual. Para completar nuestra misión depende no solo del Vicariato, sino también de la colaboración de cientos de sacerdotes, religiosos, religiosas y sobre todo de miles de laicos comprometidos.

La estrategia pastoral de la Vicaría Episcopal de Promoción Humana-Caritas, se basa en su mayoría en la caridad. En estos nuevos tiempos, nuestro reto es el empoderamiento de los pobres a ser su propia voz y lo hacemos a través de métodos participativos y generando solidaridad entre los pobres y no pobres. La creación de esta solidaridad es una parte importante de la tradición bíblica de la Iglesia. Se refleja en la Enseñanza Social Católica moderna desde el Papa Juan XXIII. También es un sueño reflejado en los planes pastorales de la Arquidiócesis desde la época del arzobispo Luis Chávez y González, pero aún más profundamente, la sed de la justicia y el empoderamiento de los pobres tiene sus raíces en nuestro bautismo y se teje a través de la estructura de nuestra fe católica.

La Vicaría Episcopal de Promoción Humana-Caritas incluye en su personal operativo, agrónomos, abogados, trabajadores sociales, médicos, ingenieros, administradores, maestros y muchos otros hombres y mujeres de diferentes clases sociales y profesiones. Pero con todas nuestras diferencias y hacemos frente a desafíos diferentes, compartimos un compromiso común con los varios de los principios arraigados en la Enseñanza Social Católica, que a continuación detallamos:

1) Cada ser humano es creado a imagen y semejanza de Dios. Estamos muy claros en nuestra creencia de que la vida humana es sagrada y debe ser preservada desde la concepción hasta la muerte natural.

2) Dios está presente en todos los hombres y mujeres. Dios está presente en el gesto del hombre rico que les da a los pobres, y en los pobres que necesitan esta ayuda. Pero desde los tiempos de la Iglesia primitiva, los pobres y vulnerables han tenido un lugar especial en la enseñanza social católica. Teniendo claro que la prueba moral de una sociedad es cómo trata a los pobres y vulnerables y el Vicariato sitúa las necesidades de estos hermanos y hermanas como una prioridad pastoral.

3) Independientemente de lo objetivos específicos que están promoviendo los diferentes departamentos de la Vicaría, en todas las circunstancias que estamos interesados en elevar a los pobres y promover su derecho a participar como actores de su propio destino. Estamos en contra de las estrategias de creación de dependencia. En la Enseñanza Social Católica, las causas de la pobreza se entiende como un aspecto de "pecado social" arraigada en nuestras estructuras sociales y económicas y las instituciones. En este sentido, nuestro trabajo tiene mucho que ver con las comunidades de los pobres en todos nuestros esfuerzos: salud, vivienda, agricultura, etc

4) Nos adherimos al principio de subsidiariedad, uno de los diez principios que contribuyeron a la reforma de la ley canónica de la iglesia. Incluso antes de la reforma de la ley de la Iglesia, recordando a Pío XII, dio gran atención a la libertad y la dignidad de la persona, destacando que, en medio de las estructuras y organizaciones, no debe ser suprimida.

El principio de subsidiariedad fue diseñado para garantizar la independencia, la iniciativa y la fuerza del individuo frente a la comunidad, y también de pequeños grupos vis-á-vis los más grandes. Pues, cada persona tiene derechos y responsabilidades. Las personas tienen el derecho fundamental a la vida y a todo lo que hacen de que la vida sea verdaderamente humana. Pero nadie debería tener que sacrificar esos derechos con el fin de asegurar la necesidad de alimentos, ropa, vivienda, salud, educación, seguridad, servicios sociales y el empleo. También creemos que con estos derechos vienen las responsabilidades - el uno al otro, a nuestras familias, y para la sociedad en general.

5) Por último, sobre la afirmación del principio de subsidiariedad que sostienen que los hombres y mujeres de diferentes grupos políticos y sociales pueden trabajar en la solidaridad. El Beato Juan Pablo II hizo en su momento hincapié en la necesidad de la solidaridad como parte de "la creciente conciencia de la interdependencia entre los individuos y las naciones." La solidaridad es "una actitud moral y social" que requiere "la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; Es decir, al bien de todos y de cada individuo, porque todos somos verdaderamente responsables de todos", la solidaridad, también incluye el respeto por las diferencias individuales contribuyendo así a la paz. Recordemos que a paz no es sólo la ausencia de violencia, la paz busca y lucha por construir "una civilización del amor". "El objetivo de la paz, tan deseada por todos sin duda se logrará... a través de la práctica de las virtudes que favorezcan la convivencia y nos enseñan a vivir unidos, para construir juntos, dando y recibiendo una sociedad nueva y un mundo mejor. "